21 mayo 2019

Tiempos líquidos (10 años de blog)...



Fotografía realizada con mi primera cámara digital, año 2003.



Esta mañana me he dado cuenta de que apenas he publicado en el blog en lo que llevamos de año. Tan sólo un post el mes pasado. Pero lo peor es que se me había pasado el décimo aniversario del blog. Sí, eso, diez años. No sé qué os parece, si mucho o poco. Para mí es mucho tiempo que ha pasado demasiado rápido. 

Pero cuando pienso en el blog y en la motivación de seguir publicando, enseguida me asaltan las dudas. Son tiempos extraños, tiempos en los que todo es fugaz y superficial, tiempos en los que prima la inmediatez y la impaciencia. Tiempos en los que lo efímero se impone sobre lo permanente o, como decía Zygmund Bauman, lo líquido a lo sólido. Este sociólogo decía que vivimos en los "tiempos líquidos" para referirse el debilitamiento de los vínculos humanos y el paso hacia una sociedad cada vez más individualista e inestable.

No son pocas las veces que he reflexionado sobre qué sentido tiene seguir publicando y manteniendo este blog. En un mundo sobresaturado de imágenes y de información, soy consciente de lo poco que puedo aportar pero, al mismo tiempo, siento que estos espacios personales deben intentar resistir a esa modernidad líquida imparable.

Así es que, si no pasa nada, seguiré en la brecha todo el tiempo que la inspiración y las ganas me lo permitan, intentando captar vuestro interés y tratar de que lo líquido pueda convertirse en algo más sólido algún día.

Gracias por esos diez años, sin vosotros seguramente no hubiera sido posible.

Abrazos!








29 abril 2019

Los latidos de las imágenes...






Las imágenes laten dentro de nosotros. Aunque no logremos oír sus latidos, siempre lo hacen.
Hay veces que esos latidos son tan suaves y rítmicos, que apenas logramos sentirlos y no somos capaces de “ver” imágenes.
Pero hay veces que, de forma inesperada, ocurre algo. Y es entonces, cuando esa imagen empieza a producirnos pequeñas arritmias y vamos notando, de forma más nítida, cómo la intensidad y frecuencia de sus latidos va aumentando. 
Algo está sucediendo, algo nos está alterando. De repente, un latido muy intenso. Un enorme pinchazo en alguna parte de nuestro pecho. Por momentos, sentimos cómo esa imagen se desboca dentro de nosotros, cómo el ritmo de esos latidos empieza a acelerarse violentamente y nos aboca al infarto visual. En ese momento, es cuando sentimos ese extraño impulso que obliga a nuestro cerebro a dar la orden para que presionemos el obturador... Ya está. Hemos detenido esa imagen, aquel instante que palpitaba en nosotros. Cerramos los ojos unos segundos, respiramos profundamente. Los latidos van recuperando su ritmo normal. Todo ha pasado.
Cada fotografía nos revela el cardiograma de nuestros latidos, nos habla de sus ritmos, de cómo la fuerza de algunas imágenes les afecta y precipita el extraño acto de fotografiar.
A veces me pregunto qué tiene la fotografía, cómo aparece esa pulsión que nos hace accionar la cámara. Por suerte, todavía no he hallado la respuesta. Quizás por eso sigo buscando atentamente en cada latido.
Abrazos!