Hace calor, mucho calor, pero aún así decido salir con mi equipo en busca de algunas luces, de algún paisaje. Salgo con alguna idea en mente pero sin ningún tipo de presión, pues sé que en esta época las luces no suelen ser las mejores y tan sólo me propongo disfrutar un ratito. A medida que va avanzando la tarde, las luces van tomando unas tonalidades muy cálidas, quizás acentuadas por esa bruma que hace de difusor natural. Mal día para hacer paisaje, la verdad. Pero, no sé porqué, estoy a gusto allí y decido quedarme un rato más. Quizás la sencillez y austeridad del escenario que tengo ante mis ojos sean lo que me relaja y me hace sentir bien. Sé que no es un paisaje extraordinario y que, posiblemente, las imágenes que pueda captar con mi cámara no serán tampoco impactantes, pero hay algo especial en él que me atrapa, algo que me llega hasta el alma. Esa luz... Me quedo fascinado mirando cómo la luz va desdibujando las formas y va pintando esas tonalidades como si de un lienzo impresionista se tratara. Guardo la cámara. Sé que hoy la tarjeta volverá a casa medio vacía pero quizás alguna de esas pocas imágenes que guarda haya salido del alma...
Buenas luces!







