05 marzo 2009

Sensaciones...





Faltan todavía unas horas para levantarme y los nervios me han despertado. La habitación sigue oscura y, aunque lo intento, me resulta difícil volver a conciliar el sueño. En mi mente se proyectan decenas de imágenes del lugar al que tengo pensado ir para buscar las primeras luces del día. Es un lugar que suelo frecuentar, por lo que los encuadres y los primeros planos se suceden de forma automática en mi mente. Sin embargo, no logro matizar cómo son las luces y las tonalidades en las imágenes que estoy imaginando. Quizás sea eso lo que me mantiene desvelado, la incertidumbre de no saber cómo amanecerá el día, cómo será la luz, si habrán nubes o no, si conseguiré la imagen que tengo en mente desde hace tanto tiempo... Mientras pienso en todo eso, siento como se me acelera el pulso. Respiro profundamente e intento tranquilizarme pensando en que, pase lo que pase dentro de unas horas, siempre tendré la tranquilidad de poder volver. Después de un buen rato pensando, me quedo dormido de nuevo, casi sin darme cuenta.


Son casi las cinco y media. Me he despertado unos minutos antes de que toque el despertador, como si hubiera adivinado que iba a sonar. Lo apago antes de que suene y me levanto de la cama casi de un salto, ansioso por lo que me espera. En apenas unos minutos, ya huele a café calentito en casa. Lo saboreo mientras miro por la ventana intentando adivinar, entre la oscuridad, qué tiempo tendré. Diviso algunas nubes aisladas pero todo parece indicar que habrá suerte y amanecerá despejado.


La noche es fresca y la brisa del mar me recibe en medio de la oscuridad. Como siempre, he venido bastante antes de las primeras luces para buscar el mejor emplazamiento y localizar los primeros planos que me interesan. Apenas hay visibilidad, pero decido prepararlo todo para no perder tiempo. Monto el gran angular. Espero sentado unos minutos intentando disfrutar de ese silencio mientras estudio la cadencia de las olas rompiendo en las rocas. Veo como, poco a poco, el horizonte se va aclarando, y me dispongo a hacer las primeras imágenes. Hay poquísima luz y casi no puedo divisar el horizonte por el visor para componer la imagen, así que me arriesgo y, después de calcular la exposición, aprieto el obturador y ¡voilà! El horizonte me ha salido perfecto a la primera y el primer plano me gusta cómo ha quedado. Compruebo el histograma y veo que todavía puedo apurar un poquito más por la derecha. Repito la toma sobreexponiendo un punto. Cambio de encuadre y tomo alguna foto más. Aún quedan unos minutos para el momento mágico, por lo que realizo estas tomas sin prisas, disfrutando de lo que tengo delante, absorbiendo esa brisa por cada poro de mi piel, sintiéndome afortunado de formar parte de ese escenario tan sublime.


Lentamente, el horizonte va adquiriendo tonalidades cada vez más cálidas. Se acerca el momento. Mientras saco los filtros degradados de la mochila, intento visualizar los encuadres en mi mente. Sé que en unos minutos todo habrá terminado, así que tengo que aprovechar al máximo esos instantes. El diafragma que he elegido me obliga a disparar a varios segundos. Me concentro. Es en esos instantes decisivos cuando te das cuenta de lo importante que es conocer bien tu cámara y, así, poder centrarte en componer cada imagen. Una detrás de la otra, las imágenes van apareciendo en la pantalla de mi cámara. El espectáculo es impresionante. De nuevo, se me acelera el pulso. Respiro. Sin perder tiempo, voy cambiando de ubicación y buscando los primeros planos que tenía controlados. Poco a poco, la tarjeta se va llenando de bellas tonalidades, de instantes efímeros que nunca más se repetirán. Apuro los últimos instantes. De repente, una explosión de colores aparece en el horizonte. La cálida luz del sol empieza a inundarlo todo. El disparador se detiene. Es el momento de respirar hondo y de asimilarlo todo. Guardo la cámara. Hoy, su sensor se me antoja insignificante para registrar tanta belleza. Me pregunto cómo es posible transmitir todo eso en una imagen...



2 comentarios:

Anónimo dijo...

Que magica es la fotografia, me gusta como has narrado la historia, todavia no he salido al amanecer para hacer algunas fotos, pero en muchos aspectos me siento identificada.

La foto te ha quedado con unos tonos muy bonitos. La composicion tambien me gusta.

Un saludo.

T.Catalá dijo...

¡que maravilla! Bellísima foto de la bellísima Xábia. Felicidades

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Francisco Catalá - Photography © 2009.