29 enero 2015

¿Cuándo jugarán?...





Con esta imagen, hoy os quería hablar de algo que, como padre, estoy viviendo cada día y que no es más que el reflejo de una sociedad gobernada por gente sin escrúpulos que nos han impuesto un sistema educativo diseñado para crear alumnos competitivos que se sientan culpables si no alcanzan esa excelencia que se les ha ido imponiendo desde bien pequeños.

En los últimos años se ha ido incrementando de tal manera el tiempo que los niños tienen que dedicar a las tareas escolares, que nuestros hijos e hijas casi no tienen tiempo, no sólo de jugar, sino tampoco de descansar pues, nada más llegar de clase, ya tienen que sentarse a hacer los deberes. 

Soy consciente de que la responsabilidad no es sólo de los docentes, que se ven obligados a poner tareas para que los niños las hagan en casa presionados por un programa demasiado extenso que tienen que cumplir, sí o sí, antes de que finalice el curso escolar. Pero estoy convencido de que existe un termino medio y se puede hacer bastante para mejorar la calidad de vida de los niños y niñas, evitando que no tengan tanta carga de trabajo y esa continua presión que acaba llevándolos a la frustación y al fracaso escolar

El día que hice esta imagen, me vinieron a la cabeza cantidad de recuerdos de cuando los niños siempre teníamos tiempo de jugar al aire libre después de los deberes. Ayer mi hija de 11 años pasó cinco horas, a mi lado, haciendo gran cantidad de ejercicios de cuatro o cinco asignaturas, con tan sólo una pequeña pausa para merendar de media hora. ¿De verdad es necesario? Evidentemente, algo no va bien. 

Lo siento, pero hoy me siento tan indignado por la educación que estamos dando a nuestros hijos e hijas que tenía que explotar...  ¿Cuándo jugarán?

Saludos...

25 enero 2015

Almost blue...






La luz de la tarde se desvanece suavemente y, casi sin darme cuenta, todo queda en la más completa oscuridad. Tan sólo el ritmo de mis pasos, que intentan adivinar torpemente el camino de vuelta, rompen el silencio. Miro atrás y me detengo para contemplar, por última vez, el resplandor que todavía dibuja la fina silueta de las montañas en el horizonte y que, poco a poco, he ido dejando atrás.  

Suena "Almost blue". De nuevo la triste y desgarradora trompeta de Chet Baker, me hace revivir la soledad de esos instantes tan efímeros que se desvanecen, como el sonido de su trompeta, en la oscuridad de la noche.

Saludos...
  
  

22 enero 2015

Dialogos con la arquitectura...







Las grandes ciudades son ecosistemas extraños para mí. No suelo moverme mucho por ellas y, cuando lo hago, observo con enorme curiosidad ese inmenso hábitat de hormigón tan complejo para mí. En ellas se establecen complicadas relaciones que me fascinan y que llaman, irremediablemente, mi atención. Diálogos imposibles entre arquitectura y naturaleza, que compiten por el espacio en proyectos millonarios que catapultan a la fama a arquitectos y políticos que, delirantes de poder y omnipotencia, juegan con el dinero y las ilusiones de los ciudadanos. Diálogos que, al final, acaban convirtiéndose en simples y absurdas metáforas de ciudades que deberían garantizar el techo a las personas y no limitarse a ser el escenario de los sueños megalómanos de unos pocos.

Saludos...
  
  

20 enero 2015

¿Evolución?...




Es curioso. Hace unos años, cuando salía a hacer fotos, fotografiaba casi siempre en color y cuando alguna imagen me pedía blanco y negro, lo que hacía era procesar el raw y obtener la versión monócroma que quería. De hecho, según dicen (tampoco me preocupa demasiado), es la mejor manera de obtener un buen blanco y negro. 

El caso es que, con el tiempo, mi forma de trabajar ha ido cambiando. Como cada vez me llevo peor con la informática (bueno, en realidad es cuestión de prioridades: prefiero pasar más tiempo haciendo fotos que delante del ordenador...), desde hace bastante tiempo, me gusta hacer blanco y negro directo de cámara realizando los ajustes en cámara para obtener la imagen que busco. Por esa razón y por mi debilidad por el blanco y negro, llevo casi siempre la cámara configurada para fotografiar en monócromo y sólo cuando una imagen me pide color, cambio la configuración y la hago en color. 

De hecho, el día de la imagen que os muestro fue uno de esos días en el que casi el 90% de las imágenes fueron en blanco y negro. Pero, con las últimas luces, las tonalidades cálidas me pedían intentar algo en color y ésta fue la versión en color de toda la serie que hice en blanco y negro.  

¿Evolución? Pues no lo sé. Es posible que a muchos de vosotros os parezca, incluso, todo lo contrario. Lo que sí sé es que mi visión ha cambiado y, en consecuencia, mi forma de trabajar las imágenes también. Creo que, poco a poco, me ido cansando de tanto colorín y ahora me seduce más la fuerza y el dramatismo de un blanco y negro. Pero, como siempre, es cuestión de gustos...

Saludos!




15 enero 2015

Nuevo año, nuevos retos...



Hasselblad 500 CM, Carl Zeiss 80mm f2.8 T* Planar, Ildford Fp4+, D-76 1:1



Hay imágenes que tienen un significado muy especial para nosotros y que, de alguna manera, nos marcan. Y no es por su composición, belleza o lugar en el que están hechas, sino porque reflejan algún momento o situación pesonal. Es el caso de la imagen que hoy quería mostraros. 

Hace tiempo retomé un camino que abandoné precipitadamente con la llegada de la tecnología digital. Me refiero a la fotografía química o analógica, la fotografía que siempre había hecho y que, por las circunstancias del momento, dejé a un lado para dejarme arrastrar, como la mayoría, ante la fiebre de los megapíxeles. 

Después de todos estos años con la digital y después de miles de imágenes llenando discos duros, sentía que necesitaba un cambio importante. Un cambio que me permitiera conectar, de una manera mucho más íntima, con mi proceso fotográfico y, en definitiva, con las imágenes que hacía. La decisión estaba tomada: necesitaba volver a trabajar cómo lo hacía antes en analógico es decir, seleccionando más, disparando muchas menos fotos y sentir las mismas sensaciones que cuando disparaba película. 

Hoy, después de unos cuantos rollos de película y algún que otro taller de revelado (gracias Vicent!, gracias AFX!), puedo decir que la fotografía tradicional o química, tiene algo que te atrapa desde el primer momento. Por supuesto, todo es mucho más lento, trabajoso e, incluso, artesanal pero es un proceso super-apasionante en el que mimas cada imagen desde que la piensas hasta que la ves aparecer en el cuarto oscuro.

Hoy os dejo la primera imagen que hice con la Hassel, una imagen que, como os decía, quizás no sea nada del otro mundo pero que tiene un significado muy especial para mí porque señala el principio de esta nueva etapa.

Saludos!
   
   
  

 

Francisco Catalá - Photography © 2009.